Javier entró al auto, sofocado por el calor húmedo del ambiente mientras divagaba entre las excusas que le dio a su familia y la verdadera razón de su viaje: Andrea. Poco después rodeaban el muro de piedra caliza del hogar de los García desde donde se escuchaba música a lo lejos. Javier dudó antes de tocar el timbre, pero una de las chicas del servicio abrió y al mismo tiempo, Efraín apareció en la puerta. —Bienvenido, hermano. ¿Cómo estás? —exclamó, mirándolo con cierto pesar. No entendería si era sincero y confesaba que estaba mejor que nunca. Que la traición de esos dos, lejos de destruirlo, lo liberó. Así que respondió. —Lo sigo procesando. Ignoró a Hunter suprimiendo una sonrisa. —Es el cumpleaños de mi novia. Ahí está. Al voltear, Javier casi la llamó Leticia, pero se co

