Un tenue rayo de sol iluminó el rostro de Andrea. Sus párpados temblaron antes de abrirse y parpadear, y un gemido escapó de su garganta mientras intentaba incorporarse. El frío mármol de Carrara bajo su piel desnuda la hizo estremecer y desorientada, trató de reconocer las paredes blancas y los muebles, pero le resultaron ajenos. El dolor se extendía por cada centímetro de su cuerpo, y la mantenían anclada al suelo. Con esfuerzo, logró apoyar la espalda contra la fría pared. Su piel se sentía pegajosa, cubierta de una fina capa de sudor. Tragó saliva y luchó contra las náuseas al descubrir semen reseco en un mechón de cabello, parte de su mejilla izquierda y su muslo derecho. Necesitaba un baño con urgencia, pero la idea de moverse le parecía imposible. El ruido de una puerta en el p

