Kaito siguió a la joven chica Nyxiana a través del bosque, en dirección oeste. Después de un rato de caminar, la vegetación se clareó y Kaito vio una ciudad en la distancia.
Joven chica Nyxiana: Bienvenido a nuestra ciudad, Kaito. Me llamo Akira.
Kaito: Encantado, Akira. ¿Qué es este lugar?
Akira: Esta es la ciudad de las serpientes, el hogar de mi pueblo.
Kaito: ¿El pueblo Nyxiano?
Akira: Sí. Somos una r**a de seres mitad humanos, mitad serpientes.
Mientras hablaban, Akira llevó a Kaito a través de la ciudad, mostrándole las diferentes casas y edificios. Kaito se maravilló de la arquitectura única de la ciudad.
Kaito: ¿Quién diseñó esta ciudad?
Akira: Nuestros antepasados. Fueron ellos quienes tallaron las rocas y crearon esta ciudad.
Akira llevó a Kaito a una gran plaza en el centro de la ciudad. En el centro de la plaza había una gran estatua de una serpiente.
Akira: Esta es la estatua de nuestra diosa, la serpiente celestial.
Kaito: Es impresionante.
De repente, un joven con ojos rojos y escamas negras se acercó a ellos.
Joven: Akira, ¿quién es este?
Akira: Este es Kaito. Es un... un viajero.
Joven: ¿Un viajero? ¿De dónde viene?
Kaito: De... de un lugar lejano.
El joven lo miró con desconfianza.
Joven: Me llamo Kuro. Soy el hermano mayor de Akira y el líder de nuestro pueblo.
Kaito: Encantado, Kuro.
Kuro: Akira, ¿por qué lo trajiste aquí?
Akira: Lo encontré en el bosque. Estaba perdido.
Kuro: ¿Y por qué lo trajiste a nuestra ciudad?
Akira: Porque... porque creo que podemos ayudarlo.
Kuro la miró con escepticismo.
Kuro: ¿Ayudarlo? ¿Por qué?
Akira: Porque... porque creo que él puede ayudarnos a nosotros.
Kuro la miró con escepticismo, su expresión se volvió más dura.
Kuro: Akira, el no pertenece a la r**a de los Valtor. Entonces, debe ser alguien débil.
Akira: Kuro, no sabes nada sobre él. No podemos juzgarlo solo por su apariencia.
Kuro: ¿En serio piensas que su ayuda será suficiente para enfrentar a la r**a de los Kyrennei? Si piensas eso, eres muy ingenua, hermanita.
Akira: Kuro, no estás entendiendo. Kaito puede ser nuestra única esperanza para...
Kuro: ¿Nuestra única esperanza? ¿De qué estás hablando? No necesitamos la ayuda de un débil humano para protegernos a nosotros mismos.
Kaito se sintió ofendido por las palabras de Kuro, pero decidió no responder. En su lugar, se centró en observar la reacción de Akira.
Akira: Kuro, por favor. Escucha lo que tengo que decir.
Kuro: No, Akira. No voy a escuchar. No voy a permitir que un extraño y débil se convierta en una carga para nuestro pueblo.
Kuro se dio la vuelta y se alejó, dejando a Akira y Kaito solos en la plaza.
Akira: Lo siento, Kaito. Mi hermano puede ser un poco... difícil de tratar.
Kaito: No te preocupes, Akira. Entiendo. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Akira: No lo sé. Pero tengo una idea. Sígueme.
Akira: Sígueme, Kaito. Tengo una idea que podría ayudarnos a descubrir cuál es tu habilidad.
Kaito: ¿Cuál es la idea?
Akira: En la casa de mi hermano, hay un espejo mágico que puede mostrarle a alguien su verdadera naturaleza y habilidades.
Kaito: ¿Un espejo mágico? ¿Cómo funciona?
Akira: No estoy segura. Mi hermano me dijo que es un objeto muy poderoso y que solo funciona para aquellos que tienen una habilidad especial.
Kaito: ¿Y dónde se encuentra este espejo?
Akira: En la casa de mi hermano. Es decir, en mi casa también.
Kaito: ¿Y no te importa que entremos en tu casa sin permiso?
Akira: No, no me importa. Mi hermano no estará allí en este momento. Vamos.
Akira llevó a Kaito a la casa del líder, que era una gran estructura de piedra con un techo de escamas de serpiente. Entraron en la casa y Akira llevó a Kaito a una habitación en el fondo.
En la habitación, había un gran espejo con un marco de oro y piedras preciosas. Akira se acercó al espejo y lo tocó con la mano.
Akira: Este es el espejo mágico. Mira en él y verás tu verdadera naturaleza y habilidades.
Kaito se acercó al espejo y miró en él. Al principio, solo vio su reflejo, pero luego, el espejo comenzó a brillar y a cambiar. Kaito vio una imagen de sí mismo, pero no era el mismo. Era una criatura con alas y garras, y su cuerpo era cubierto de escamas.
Kaito: ¿Qué... qué es esto?
Akira: Es tu verdadera naturaleza, Kaito. Eres un ser con la habilidad de cambiar de forma a cualquier cosa que desees.
Mientras Akira y Kaito miraban el espejo, la puerta de la habitación se abrió y Kuro entró, llevando en su mano a Aurora, el hada que Kaito había encontrado en el bosque.
Kaito: ¡Aurora! ¿Dónde te habías metido? Apenas llegamos aquí te desapareciste.
Aurora: Lo siento, Kaito. Fui al mercado de las escamas. Es un lugar donde venden muchas cositas interesantes.
Kuro: ¿Y qué hacías allí, hada?
Aurora: Solo estaba explorando, señor Kuro.
Kuro la miró con desconfianza, pero no dijo nada más. En su lugar, se dirigió a Kaito.
Kuro: Entonces, si no eres humano... es decir, que no perteneces a la r**a de los Valtor... ¿qué eres?