Capítulo 2: La Ciudad de las Serpientes

892 Palabras
Kaito siguió a la joven chica Nyxiana a través del bosque, en dirección oeste. Después de un rato de caminar, la vegetación se clareó y Kaito vio una ciudad en la distancia. Joven chica Nyxiana: Bienvenido a nuestra ciudad, Kaito. Me llamo Akira. Kaito: Encantado, Akira. ¿Qué es este lugar? Akira: Esta es la ciudad de las serpientes, el hogar de mi pueblo. Kaito: ¿El pueblo Nyxiano? Akira: Sí. Somos una r**a de seres mitad humanos, mitad serpientes. Mientras hablaban, Akira llevó a Kaito a través de la ciudad, mostrándole las diferentes casas y edificios. Kaito se maravilló de la arquitectura única de la ciudad. Kaito: ¿Quién diseñó esta ciudad? Akira: Nuestros antepasados. Fueron ellos quienes tallaron las rocas y crearon esta ciudad. Akira llevó a Kaito a una gran plaza en el centro de la ciudad. En el centro de la plaza había una gran estatua de una serpiente. Akira: Esta es la estatua de nuestra diosa, la serpiente celestial. Kaito: Es impresionante. De repente, un joven con ojos rojos y escamas negras se acercó a ellos. Joven: Akira, ¿quién es este? Akira: Este es Kaito. Es un... un viajero. Joven: ¿Un viajero? ¿De dónde viene? Kaito: De... de un lugar lejano. El joven lo miró con desconfianza. Joven: Me llamo Kuro. Soy el hermano mayor de Akira y el líder de nuestro pueblo. Kaito: Encantado, Kuro. Kuro: Akira, ¿por qué lo trajiste aquí? Akira: Lo encontré en el bosque. Estaba perdido. Kuro: ¿Y por qué lo trajiste a nuestra ciudad? Akira: Porque... porque creo que podemos ayudarlo. Kuro la miró con escepticismo. Kuro: ¿Ayudarlo? ¿Por qué? Akira: Porque... porque creo que él puede ayudarnos a nosotros. Kuro la miró con escepticismo, su expresión se volvió más dura. Kuro: Akira, el no pertenece a la r**a de los Valtor. Entonces, debe ser alguien débil. Akira: Kuro, no sabes nada sobre él. No podemos juzgarlo solo por su apariencia. Kuro: ¿En serio piensas que su ayuda será suficiente para enfrentar a la r**a de los Kyrennei? Si piensas eso, eres muy ingenua, hermanita. Akira: Kuro, no estás entendiendo. Kaito puede ser nuestra única esperanza para... Kuro: ¿Nuestra única esperanza? ¿De qué estás hablando? No necesitamos la ayuda de un débil humano para protegernos a nosotros mismos. Kaito se sintió ofendido por las palabras de Kuro, pero decidió no responder. En su lugar, se centró en observar la reacción de Akira. Akira: Kuro, por favor. Escucha lo que tengo que decir. Kuro: No, Akira. No voy a escuchar. No voy a permitir que un extraño y débil se convierta en una carga para nuestro pueblo. Kuro se dio la vuelta y se alejó, dejando a Akira y Kaito solos en la plaza. Akira: Lo siento, Kaito. Mi hermano puede ser un poco... difícil de tratar. Kaito: No te preocupes, Akira. Entiendo. ¿Qué vamos a hacer ahora? Akira: No lo sé. Pero tengo una idea. Sígueme. Akira: Sígueme, Kaito. Tengo una idea que podría ayudarnos a descubrir cuál es tu habilidad. Kaito: ¿Cuál es la idea? Akira: En la casa de mi hermano, hay un espejo mágico que puede mostrarle a alguien su verdadera naturaleza y habilidades. Kaito: ¿Un espejo mágico? ¿Cómo funciona? Akira: No estoy segura. Mi hermano me dijo que es un objeto muy poderoso y que solo funciona para aquellos que tienen una habilidad especial. Kaito: ¿Y dónde se encuentra este espejo? Akira: En la casa de mi hermano. Es decir, en mi casa también. Kaito: ¿Y no te importa que entremos en tu casa sin permiso? Akira: No, no me importa. Mi hermano no estará allí en este momento. Vamos. Akira llevó a Kaito a la casa del líder, que era una gran estructura de piedra con un techo de escamas de serpiente. Entraron en la casa y Akira llevó a Kaito a una habitación en el fondo. En la habitación, había un gran espejo con un marco de oro y piedras preciosas. Akira se acercó al espejo y lo tocó con la mano. Akira: Este es el espejo mágico. Mira en él y verás tu verdadera naturaleza y habilidades. Kaito se acercó al espejo y miró en él. Al principio, solo vio su reflejo, pero luego, el espejo comenzó a brillar y a cambiar. Kaito vio una imagen de sí mismo, pero no era el mismo. Era una criatura con alas y garras, y su cuerpo era cubierto de escamas. Kaito: ¿Qué... qué es esto? Akira: Es tu verdadera naturaleza, Kaito. Eres un ser con la habilidad de cambiar de forma a cualquier cosa que desees. Mientras Akira y Kaito miraban el espejo, la puerta de la habitación se abrió y Kuro entró, llevando en su mano a Aurora, el hada que Kaito había encontrado en el bosque. Kaito: ¡Aurora! ¿Dónde te habías metido? Apenas llegamos aquí te desapareciste. Aurora: Lo siento, Kaito. Fui al mercado de las escamas. Es un lugar donde venden muchas cositas interesantes. Kuro: ¿Y qué hacías allí, hada? Aurora: Solo estaba explorando, señor Kuro. Kuro la miró con desconfianza, pero no dijo nada más. En su lugar, se dirigió a Kaito. Kuro: Entonces, si no eres humano... es decir, que no perteneces a la r**a de los Valtor... ¿qué eres?
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