El club se vacía rápidamente tras la salida de Vicente. El eco de sus pasos retumba en mis oídos, incluso después de que desaparece tras la puerta. Me siento sola y agotada, como si estuviera atrapada en medio de una tormenta que me arrastra en todas direcciones. La Reina. Vicente. Y yo, en medio, tratando de mantenerme a flote. Es un juego peligroso, y cada vez estoy más cerca de perderlo todo. Cuando llego a casa, el silencio es abrumador. Me quito los tacones y me dejo caer en el sofá, mirando el techo como si pudiera encontrar respuestas entre las grietas. Mañana es el día clave. Tengo que enfrentar a la Reina y hacer que todo parezca bajo control, mientras Vicente sigue vigilándome de cerca. El problema es que ambos subestiman algo: mi propia ambición. Ni la Reina ni Vicente entie

