—¿Y tú serías mi salvavidas? —pregunto, con todo el sarcasmo que puedo reunir. Dmitri se inclina hacia adelante, con su sonrisa desvaneciéndose. —Soy algo mejor que eso. Soy tu salida. Tú y yo podemos tomar lo que Sergei ha construido y hacerlo mejor. Más fuerte. Sin necesidad de ocultarte en las sombras. Ahí está de nuevo. Esa promesa de poder, de control. Es tentador, lo admito. Y Dmitri es más listo de lo que Sergei le da crédito. Pero sé que un movimiento así tiene riesgos, y grandes. —Y si decido no unirme a ti —le digo, manteniendo mi mirada firme—, ¿qué harás entonces? Dmitri no parpadea. Está completamente seguro de sí mismo. —Si no me ayudas a destronar a Sergei, entonces solo será cuestión de tiempo antes de que él te vea como una amenaza —dice en voz baja—. Ya estás demasi

