Al día siguiente, Cristóbal llega puntual a buscar a Verónica para acompañarla con su hija. Por la noche le había explicado a la niña que la mamá seguía enferma y que tendría que irse a un lugar para que la cuidaran mejor, pero que ellos la visitarían cada fin de semana. Verónica abraza a su hija muy fuerte antes de entrar al refugio donde estará por los próximos tres meses, espera lograr su cometido en ese lugar y hacer que tanto sus padres como su hija estén orgullosos de ella. Tiene que lograrlo, sabe que no puede seguir viviendo así, necesita cambiar, volver a ser la que era antes que comenzara todo lo malo. ―Nos vemos el próximo fin de semana ―le dice Cristóbal al despedirse. ―No necesitan venir todos los fines de semana, puede hacérsele pesado a Daniela. ―Ella lo decidirá, pe
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