5760 Horas con SACCHI. No logro mover mis manos ni mis piernas, no soy consciente de lo que hacen con mi cuerpo, vuelven a meter otra jeringa diferente en mis venas y las nuevas sensaciones me hacen estremecer, me veo más delgada y mi nariz parece la de un drogadicto botando sangre y herida por los polvo que me obligan a inhalar. No respiro bien, boto sangre por la boca pero eso no le quita la velocidad al ser de mirada fría que entra y sale de mí. — ¿Quién eres? — Se ríe por mi expresión, y me besa a la fuerza, todo esto está atorándome logrando un sin sabor horrible; no quiero pensar que las voces tienen razón y me esté enamorando del único ser que me da cariño pese al mal estado de mi cuerpo. ¡No te escuches! ¡Esa bastarda está enferma! De pronto algo hace clics, Angie aparece en un

