"¿Qué deseas? Te daré lo que quieras. Por favor, solo déjame ir. Karen luchó contra la cama, tirando débilmente de las correas atadas alrededor de sus muñecas y tobillos. Su mirada siguió al hombre cuando él cruzó la habitación y abrió un maletín, sacando las cosas que necesitaba. "¡Ayuda!" Karen gritó cuando se dio cuenta de que estaba ignorando sus súplicas. Inclinándose sobre la cama, enderezó las sábanas debajo de ella y comenzó a tararear su canción. Todavía no era hora de cantar, pero podía tararear. Se puso un par de guantes quirúrgicos con un chasquido y comenzó a alisar su cabello, tirando de él hacia donde pudiera verlo. Las lágrimas corrían por su rostro y sus protestas continuaron sin cesar. Con cuidado, él trenzó su cabello, asegurándose de incluir cada cabello suelto para u

