La música vibraba como el latido de un corazón desesperado. Las luces de neón cortaban la oscuridad en tonos de púrpura y azul, creando una atmósfera que debería ser de diversión pero que en cambio se sentía como una cuenta regresiva hacia la explosión. Rebecca estaba en el bar con Marisa, intentando beber, intentando olvidar, intentando no pensar en las manos vacías que alguna vez sostuvieron las suyas. —¡Dale, cariño! —gritó Marisa cerca de su oído, empujándola suavemente hacia la pista de baile—. ¡Sonríe como la Rebecca que conozco! Rebecca obligó su rostro a formar una sonrisa. Se había puesto un vestido color esmeralda que resaltaba su piel, el cabello le caía ondulado sobre los hombros. Se había preparado como si pudiera verse a sí misma en el espejo de hace tres meses, cuando Luci
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