capítulo 39

1318 Palabras

Demasiado silencioso, demasiado inquietante. Tomás miró a Adriana con decepción y le dijo con frialdad: —¿Qué acabas de decir? Adriana se dio cuenta al instante de que había hablado de más. Se apresuró hacia Isabella, le tomó la mano y murmuró nerviosa: —Bella, no lo dije en serio. A veces hablo sin pensar. Por favor, no te lo tomes a pecho. ¡Te llevaré conmigo a donde quiera que vaya en el futuro! Isabella retiró su mano en silencio y se acercó un poco más a Tomás. Él, sin defender a Adriana, le dio un leve golpe en la mano a su hija para tranquilizarla, aunque miró a su esposa con una clara desaprobación. Ana reaccionó de inmediato, se aferró a los hombros de su madre y, con lágrimas en los ojos, intentó excusarla: —Papá, mamá no quiso decir eso. Tuvo un mal día. Hoy no nos dejar

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