Alexander le sorprendió la respuesta de Isabella y preguntó con incredulidad: —¿Te falta dinero? Isabella se sintió humillada y respondió con disgusto: —¿Quién no necesita más dinero? El apartamento que había comprado, junto con la decoración, le costaron casi todos sus ahorros. Además, le gustaban las motocicletas, pero las que tenía en el Desconocido no eran suficientes. Necesitaba mucho más dinero para conseguir mejores. Alexander no se cansaba de observar la viveza de sus expresiones. La miró con atención, pero pronto apartó la vista, fingiendo mirar al techo, aunque sus orejas enrojecieron. Bromeó con tono jovial: —Entonces deberías decidir tú la tarifa. Pide lo que quieras. Solo déjame algo para sobrevivir. Quería entregarle todas sus tarjetas para que gastara libremente, per

