-¡Vale, vale! ya me doy por felicitada, -concluí tras estar una hora hablando del mismo tema con mi escueta familia. Era el momento de frenar aquella locura, pues el exceso de sugestiones estaba empezando a abrumarme exageradamente. ¡Sí, acababa de hacerlo! Acababa de comprometerme en matrimonio con esa compañero de vuelo con quien solo buscaba una aventura. Ese hombre tan increíble y capaz de ser el único en tentarme a conocerle más allá de un encuentro de sexo fugaz. ¿Cómo podría estar pasándome algo así? Si alguien me lo hubiera sugerido en el momento de subirme a aquel avión de regreso a mi hogar, me hubiera reído en su cara. ¡De eso no tenía dudas! Pero ahí estaba, en una cena familiar, envuelta en un halo de euforia que me estaba costando digerir. -¡Ay mi niña! ¡Cómo me alegro p

