-¡Ay, Dios mío!- exclamo al cielo mientras asimilo la imagen que la vida me está poniendo delante. Como si el diablo me provocara de una forma malévola e irresistible, el trasero de Ethan se contonea de un lado a otro frente a mis ojos. Está inclinado sobre sus codos en la mesa donde Evan se encuentra. Hablan seriamente pero no sé de que, ya que me encuentro tres mesas más atrás en la cafetería del colegio. -Cuidado con esas babas- ríe Britt mientras pasa a mi lado con sus amigas. Avergonzada aparto la vista de Ethan y me concentro en la comida frente a mi. «Tienes que comer» me ordeno a mi misma pero mi voluntad no es de hierro, es más bien un elástico desgastado que se dobla fácilmente. Tomo la hamburguesa entre mis manos y engullo la mitad de esta, dejando lo otro sobre la bandeja

