-A me mi tíos dejas- intentó pronunciar Ryan desde el asiento trasero. Si creí que Ethan estaba muy ebrio, me equivoqué demasiado. Ryan desprendía un completo y repugnante olor a alcohol etílico. Tenía la nariz un poco roja y los ojos medio cerrados. Le costaba demasiado formular una oración y cuando lo lograba, eran palabras desconectadas. Conduje directo a la casa de los Domms. Antes de llegar envié un mensaje a Evan para que viniera a buscar a su ebrio primo. A Ethan debía llevarlo a su casa. ¿Qué hacía yo de niñera? ¿Por qué fingía que Ethan no había confesado estar enamorado de mi? ¿Por qué demonios ignoraba al torbellino de mariposas que agolpaban en mi interior cada vez que lo miraba de soslayo? La respuesta era bastante simple. Miedo. Tenía miedo de que todo volviera a salir m

