La desesperación me estaba consumiendo, y cada paso que daba por el bosque me parecía más inútil. Había recorrido este lugar miles de veces, pero el lago cristal seguía siendo una sombra esquiva en mi mente. No lograba dar con él, y el dolor de no tener respuestas me desgarraba por dentro. Miré a Best, que caminaba a mi lado, su tono de voz tan sombrío como el mío. —¿Segura que ese lago ya lo habíamos visto por aquí? —me quejé, tratando de ignorar la sensación de impotencia que me embargaba. su voz, como siempre, tenía ese toque triste que me calaba hondo. —Muy segura, perra. Ahora sigue buscando... —dijo sin ganas— quiero ver a mi lobito. El eco de sus palabras me hizo sentir peor. El vacío que había en su tono era el mismo que yo sentía en mi pecho. —Ajá, ¿y crees que yo no? —respon

