En un ramo alto perdido entre los bosques más oscuros del Reino Unido, ahí, en las tierras nunca antes visitadas, descansaba un hada con el ala reparada. Ella se llamaba Constanza, y fue hace mucho tiempo que perdió la habilidad de volar, porque un día cometió el error más grave en el mundo Haddar y fue enamorarse de un Siempremal. Los Siempremal eran criaturas feroces, que aunque tenían gran tamaño, su corazón era todo lo contrario, siendo toscos, violentos y pendencieros, no hacían más que abusar de los más pequeños. Pero Constanza siempre pensó en que la gente podía cambiar, y aunque ahí no habían humanos, aún así, el refrán podría funcionar. Ella salvó a un feroz animal de las tenebrosas pinzas de una trampa puesta por algún furtivo cazador. Constanza consumió su poder para levantar

