Mackenna estaba viendo su teléfono cuando Nuncio la miró al día siguiente por la mañana. —¿Por qué estás tan roja en la cara? —Odio a la prensa. Los odio. ¿Por qué son tan horribles? —Son las nueve de la mañana y ya estás agitada. ¿Por qué lo estás leyendo? Nuncio frunció el ceño mientras cruzaba los brazos sobre su pecho robusto y la miraba desde su cama. —Esto es lo opuesto a descansar. Estás afectada y enojada cuando se supone que debes descansar. —Está por todas partes en el periódico que corrió a Milán para estar con su amante. Como por amor de Dios, a su abuelo le pusieron una bala en la cabeza. —Nuncio abrió la boca pero ella levantó la mano—. No estoy diciendo si es bueno o malo, pero de cualquier manera, tiene familia que necesita ser atendida. ¿Alguna vez consideraron siq

