Mackenna se sentó en el sofá, con los pies en el regazo de Alessandro mientras él dibujaba frenéticamente en su bloc de notas. No habían pasado ni diez minutos desde que llegaron al condominio, cuando de repente se sintió inspirado para dibujar algo y se sintió instantáneamente atraído por su bloc. Ahora había pasado una hora y estaba sentado con un lápiz entre los dientes y otro en la mano, dibujando y maldiciendo con la misma ferocidad. —¿Por qué estás tan molesto? Mackenna se rio mientras lo veía borrar algo con otra mueca. —Porque lo que está en mi cabeza, y lo que está aquí, no coinciden. Miró de nuevo a su bloc. —Mackenna, hay algo que he estado queriendo preguntar. Estoy tratando de no mirar un caballo regalado en la boca y por favor no te enfades conmigo, pero he estado p

