Capítulo 50

1099 Palabras

Armand entró al salón blanco, su esposa estaba recostada en la alfombra mirando la pintura en el techo. Él caminó hasta ella, se arrodilló y se acostó a su lado. Ella no hizo el intento de moverse. Pero desde su posición lo vio vestir como el pintor. Ella lo extrañaba. ―Siento lo de nuestro hijo. Donatella lo miró, él estaba con la cabeza hacia ella, viéndola también. ―¿Qué? ―Siento lo de nuestro hijo. Vio el dolor en sus ojos y Donatella no resistió el deseo de abrazarlo. Él, juntó su frente con la de ella y cerró los ojos, pero las lágrimas caían de todos modos. ―¡Armand! ―Debí estar contigo. Debí huir cuando aparecí. Nunca me perdonaré, no haberlo intentado. ―Basta. Estás aquí, ahora. Pensaba en ti. ―¿Te hizo daño? ―¿Quién? ¿Él? ―Es malvado Donatella. No discutas con él, n

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