En el momento en que Donatella llegó a la mansión, volvió a sentirse tan miserable como cuando salió esa mañana para despejarse. Sin embargo, estaba cansada y dolorida, además de confundida. Frederic que la había estado esperando desde hacía rato dando vueltas como león enjaulado frente a la puerta de entrada la recibió con un rostro que dejaba ver la preocupación. ―¿Qué sucede? ―le preguntó, dándole su abrigo. ―Señora, llegó esto para usted. Él le dio el dio un sobre. Ella lo observó, era de Armand. Donatella asintió hacia Frederic y caminó hasta la puerta trasera de la casa, cruzó los jardines, y caminó hasta el columpio que se balanceaba plácidamente con el viento. Se sentó en él y abrió el sobre. No quiso hacerlo dentro de la mansión pues si de por si, la casa la esencia del arqui

