Mi almohada casi me asfixia al apretar la cara contra ella. Escenas de la noche anterior recorren mi mente como una obra de teatro retorcida, y se me escapa un largo gemido. No puedo negarlo. Me follé a mi profesor. Y luego salí corriendo. Me había vuelto a poner la ropa de un tirón y había buscado a tientas mi teléfono para pedir un Uber. Él había intentado detenerme, diciéndome que todo estaba bien, intentando consolarme. No recuerdo cómo respondí, si es que respondí. Solo sabía que tenía que irme. Tiré de un rizo largo y encrespado lo justo para que me doliera, pero sin arrancarme ningún pelo. La verdad, no sé por qué salí corriendo. Pensé que había hecho algo mal, así que hice lo que mejor sé hacer cuando estoy segura de que me voy a meter en problemas. Como un niño con miedo a las co

