De repente, Carlisle la empujó bruscamente hacia adentro de la cama, sujetándola por los hombros, arqueando la espalda. Sus embestidas se volvieron imprecisas y casi desesperadas. Su hermoso rostro tenía una expresión feroz que casi sugería un gran dolor, y Emelie respondió a sus embestidas con todas sus fuerzas. Las yemas de sus dedos manipularon con fuerza su clítoris, y las vibraciones en su piel se transformaron rápidamente en intensos remolinos de sensaciones. Antes de que Emelie pudiera procesarlo por completo, sintió de nuevo esa explosiva sensación en su interior, cegándola y paralizándola de placer, mientras su cuerpo experimentaba un orgasmo por segunda vez bajo el toque de Carlisle. Ella gritó y lloró, y el placer la invadió, mucho más fuerte que su primer clímax. Y casi como

