Ingreso al despacho que la princesa de la casa tiene aquí, el cual está únicamente de adorno, porque ella se adueñó del de su padre allá en la mansión. Cierro la puerta y avanzo hasta mi padre, quien ya está sirviendo dos vasos de whisky. Me ofrece uno y yo con gusto lo acepto. —¿Lo viste? —Lo vi —respondo tranquilo. —¿Viste exactamente lo que yo vi? —¿Qué al parecer es amigo de tu hija? —enarco mi ceja—. ¿O qué no dejaba de ver a mi prometida? La sonrisa de mi padre se ensancha y sin dejar de verme a la cara le da un trago a su bebida. —Ambas —dice después de tragar. —Lo vi —por supuesto que lo vi a ese hijo de puta. —Durante años, lo he tenido vigilado. Al final del día, es mi sobrino, ¿no? —toma siento. Ahora soy yo quien le sonríe con malicia. —Vaya joyita de sobrino, te gast

