Le dije que no y ella me dijo que sí. Le dije que no iría a una puta feria a comprar un estúpido algodón de azúcar, y ella me dijo que si iba a mover mi culo e ingresar a la puta feria a comprarle el puto algodón porque así lo quiere. Y sí. Aquí estoy yo dentro de una estúpida feria en Coney Island, del otro lado de la ciudad, solo por ella. Solo porque la cría del carajo quiere un puto algodón dulce y esponjoso. Son casi las once de la mañana, hay personas en la feria. La mayoría son familias con sus mocosos hijos corriendo de un lado a otro, totalmente desesperados por subirse a las atracciones. Hay calor, hace un jodido calor del demonio. «¡Pero no importa, que Eros salga y me busque el puto algodón de azúcar!» Desde aquí logro ver la playa y las ganas de meterme en el agua me están

