Le ofrezco mi mano y en cuanto ella la toma, tiro con fuerza y la cargo en mis brazos importándome un carajo sus quejas. Stephan ha ingresado a la casa junto a Dante, Amalia y los detrás. Al final, los amigos del rubio bonito terminaron uniéndose y para colmo, se detuvieron a comprar bebidas y comida para seguir su fiesta en la villa, siendo patrocinados por nada más y nada menos que mi mejor amigo. Sí, Stephan Campbell. El científico nuclear, creador de bombas atómicas que quizás terminen matándome a mí también en un futuro, orquestó la fiesta al salir del club y ahora yo tengo en mi villa a una docena de veinteañeros desenfrenados con ganas de seguir con la celebración. «Lo que me faltaba» —Eros, bájame —me dice en tono exasperado—. Yo sé caminar sola… —Sé perfectamente que sabes cam

