Le entrego las llaves al valet parking sin dejar de ver a mi leoncita llegar en su auto. Y así como la estoy viendo a ella, estoy atento a las miradas de los demás. Otro valet parking aparece para recibirla, pero con mi mano y una negativa dada con mi dedo índice, se detiene y asiente. Me acerco a su auto y yo mismo le abro la puerta para que salga. Me sonríe, agarra su bolso y tomando mi mano, sale del auto con suma elegancia. El aroma que desprende de ella inunda mis fosas nasales. Es dulce, es cautivador y por alguna razón, me genera algo de calor. Mis latidos se disparan, mi v***a se endurece y la sensación en mi cuerpo es jodidamente placentera, pero desesperante también. —Hueles bien… —le digo, acercándola a mí. Se ríe, le quito las llaves y se las entrego al valet parking. Ni siqu

