Tengo mucho sueño, pero es tanta en mí la emoción de estar en casa que no he dormido desde que salimos de Nueva York. Mali si durmió, de hecho, lo hizo como un bebé recién nacido, pero, en cambio, yo me quedé hablando por mensajes hasta altas horas con Eros en una conversación bastante subidita de tono y cuando me ordenó irme a dormir, no lo hice. Yo vi películas, navegué en mis r.e.d.e.s y así el tiempo se me fue. No suelo dormir en los viajes y mucho menos en uno dónde puede que sucedan muchas cosas. Mi nivel de ansiedad está al tope y precisamente eso me tiene sin ganas de dormir. —Mali… —le susurro. Está con su cabeza en mis piernas. Desde que nos subimos a la camioneta fue lo primero que hizo y dormida se quedó—. Ya estamos por llegar al castillo, despierta. Acaricio su cabello n***

