—No te muevas. Yo voy por él —Alice sonrió negado. —Estoy embarazada, no enferma, soy realmente capaz de servirme un bazo de agua. —Lo pasó de largo dirigiéndose a la estantería de vasos dentro de la cocina y llenarlo con agua. —Lo sé, sé que eres muy capaz, pero no quiero que te vayas a caer o golpear, debes tener mucho cuidado. —Su preocupación era genuina y la rubia lo miró pasible mientras tomaba el agua. Su corazón se estrujó, le encantaba que fuera tan atento con ella, sin embargo, no a esta exageración, tal vez era el miedo, era su primera vez de ambos y estaban emocionados ante la espera. —No va a pasarme nada de eso. —Dejo el bazo sobre la isleta y se acercó a él, subiendo las manos hasta el cuello de su novio—. No te preocupes amor, vamos a estar bien, los dos. —Le dio un peq

