Cal se había puesto de pie y sentía como su cerebro le martilleaba en el cráneo. Con mucho esfuerzo logró vestirse y al salir de la tienda encontró a todos ya listos para partir. Un grupo de soldados se dispusieron a desmontar la tienda. - Ahí éstas. Dijo Ferenc al acercarse con el caballo de Cal. - Por un momento creímos que volveríamos a viajar contigo inconsciente. Cal se sobó las cienes de la cabeza. - ¿Ya se fue Clint? - No, aún está adentro en su tienda, yo que tú no me metería. Le dijo éste en voz baja al ver que él muchacho se dirigía hacia allá. - ¿Porque razón?. - Hace rato fuí a despertarle, pero hayé a Darío ahí con él. Estaban desnudos. Cal entendió. - No le he dicho nada a nadie. Aseguró Ferenc. - Sí, es mejor ser discretos. Dijo Cal. - ¿Que te parece si de

