Al llegar a Farahdraz el enorme ejército de Cal se dispuso a acampar en las afueras y al rededor del pueblo. A pesar de ser pequeño el pueblo les ofrecía gran variedad de comercio. Altair corrió a los brazos de Edithe. Stavros miraba a los dos jóvenes pelirrojos y reparó en el increíble parecido que tenían. Fue entonces que decidió que ya no le interesaba Edithe, sin embargo no podía dejar de mirarla. Al anochecer las jóvenes se hayaban aseadas, con vestidos nuevos que Cal le compró a un comerciante que vendía finas telas y bellos vestidos con provocativos escotes. Irithel no había pronunciado palabra alguna desde que se enteró que Calisto era aquel joven. Durante el baño que le dieron las chicas todas ellas no paraban de hablar de Cal. Soltaban suspiros y no dejaban de decirle a

