Cassian CUANDO NUESTRA MESERA SE VA, Eileen se inclina sobre la mesa. —¿Por qué Chris intentaría juntarnos? —susurra a medias. No parece molesta. Más bien ansiosa. —Está preocupado por ti —le digo. —¿Le… dijiste? —pregunta. No dice qué, pero no hace falta. Niego con la cabeza. —¿Tú? —No es asunto suyo —resopla—. Eso no salió bien dicho. Empiezo a sonreír, pero ella se muerde el labio inferior, lo que al mismo tiempo hace que la sangre fluya directo a mi polla y pone mi pulso en alerta máxima, porque la Eileen que siempre he conocido habría puesto los ojos en blanco y dicho que estaba bien. —¿Puedo decirte algo? —pregunta. —¿Por qué a mí? —Porque si se lo dices a alguien más, puedo negarlo por nuestra historia. Esa es la Eileen que conozco, y por primera vez en mi vida, encuentr

