»Y había percibido algo en su mirada. Fuera inteligencia, interés o reconocimiento de algún saber compartido, en ella había algo. »En ese instante supe que llevaba dentro de mí la posibilidad de un mundo distinto, desconocido para el Dios del Bosque e incluso para aquel ser débil y herido que, a mi lado, contemplaba con desesperación al Viejo. »El guía se retiró como le había pedido. Me acerqué al escritorio y miré al Viejo. »—¿Qué debo hacer? —pregunté en griego. »Él alzó la mirada bruscamente y pude apreciar en su rostro eso que llamo inteligencia. »—¿Tiene algún objeto que siga haciéndote preguntas? — continué. »Había escogido cuidadosamente mi tono de voz. No había en él nada ceremonioso, nada reverencial. Era el más familiar posible. »—¿Qué es lo que quieres saber? —respond

