Narra Hilda
En toda la noche Daniel no me dirigía la palabra ni la mirada y siempre me presentaba como su ex hijastra, entonces ¿Por qué cuando estaba con Damián, aceptó ser su esposa? Incluso ofreciéndome el divorcio para poder “estar” con él, cundo sabe perfectamente que a quien amo es a mi esposo.
Daniel sale del baño con sólo el pantalón del pijama y se recuesta junto a mí. ¡Dios! Que ganas tengo de hacer el amor con él, sin embargo, siempre está cansado. ¡Poco mas de un año que no me ha vuelto a tocar! A caso ¿soy poca cosa para él? O ¿es que no se ha olvidado de esa mujer? La tal Dayana.
—Te amo. —Digo en un susurro, aunque sé que me escucharía, ya que no hay el más mínimo ruido a nuestro alrededor.
Cierro los ojos, pero al sentir su mano en mi cintura, me hace abrirlos de golpe y haciendo que se forme una enorme sonrisa en mi rostro.
A la mañana siguiente…
Me despierto con mucha flojera, anoche llegamos muy tarde y como es fin de semana, puedo darme el lujo de levantarme tarde. O al menos eso pensaba justo cuando escucho unos toques en la puerta.
—Adelante. —Digo sin muchos ánimos.
—Señora, su esposo quiere que lo acompañe a desayunar. —¿En serio? Eso no lo puedo creer.
Me levanto y la verdad no tengo ganas ni de darme una ducha.
—Buenos dias. —Digo al llegar al comedor. Daniel me mira y casi escupe el café de su boca. Una acción que casi me hace reír.
—¿Por qué no te has bañado y arreglado? —¿Qué?
—Es domingo. —Le digo lo obvio.
—Si, pero iremos a ver a los Fernández. Anoche nos invitaron a comer. —Tiene que ser una broma.
—¿Por qué me invitarían a mí? Ante los ojos de los demás sólo soy tu ex hijastra. —Digo en un tono molesto y con el dolor en mi pecho al mismo tiempo.
—Sólo ve a darte una ducha y ponte algo cómodo, será en su casa de campo. —Dice sin mirarme y yo me resigno, con él es imposible.
…
Llegamos a la dichosa casa y ¡vaya! ¡es enorme! Mas que nuestra casa. Esta vez dejo que mi esposo me abra la puerta, la verdad estoy de muy buen humor, ya que anoche nunca quitó su mano de mi cintura y eso me da la pequeña esperanza de que podremos entendernos.
—Es hermosa. —Digo una vez que estamos mas cerca de la mansión.
—¿Mas que nuestra casa? —Pregunta con cierta ironía. No quiero que eche a perder este momento.
—Nuestra casa también es hermosa, sin embargo, está tiene un jardín hermoso y lleno de rosas. —No puedo evitar mirar el gran jardín.
—Pero que obsesión con las flores. —Espeta de mal humor. Tranquila, Hilda.
—Bienvenidos. —Dice una señora muy amable.
—Gracias, Rose. —Se saludan con amabilidad.
—Ella debe ser tu hijastra. —Me mira y cuando estoy por corregirla, Daniel se adelanta.
—Ex hijastra. Es hija de mi exesposa, Marian. Cuido de ella. —Genial, tenía que mencionar a esa mujer.
—Entiendo. Pasen, por favor. —Veo que no quiso profundizar en el tema.
—Bienvenidos. —Saluda un señor que supongo es esposo de la Sra. Rose.
—Adrián. —Se estrechan de manos. ¡Dios! Esto será aburrido.
—Te quería comentar que tendremos a un invitado sorpresa. —¿En serio?
—Adrián, sabes que no me gusta eso de las sorpresas. —Ni que lo diga. En su cumpleaños, le quise regalar una linda corbata, y la rechazó. Aun la tengo guardada.
—Lo sé. Pero créeme, esta si te gustará. —Sigo sin entender el por qué me trajo aquí. Ellos se van al despacho dejándonos solas.
—Querida, acompáñame, por favor. —Me pide la señora y así lo hago.
—Usted dirá. —Digo una vez que estamos en el hermoso jardín.
—¿No es hermoso? —¿En serio lo pregunta?
—Bellísimo. —Y es la verdad.
—Me encantan las rosas y mi esposo en sus viajes por el país, me trae una diferente desde hace 20 años. Y desde entonces me he dedicado a cuidarlas. —La miro y se ve muy feliz. Y justo cuando iba a responder, el sonido de un vehículo nos hace mirar.
—Ya llegó Dayana. — ¡¿Qué dijo?! ¿Qué hace aquí? Esto tiene que ser una mala broma y de mal gusto.
La señora Rose camina hasta la entrada y a mi no me queda de otra más que seguirla. Amabas se saludan con cariño y justo cando la iba a saludar, me ignora.
—Bienvenida, querida. —Entran a la casa. Me pregunto ¿Por qué la habrán invitado…? ¡No! Ellos no saben que Daniel y yo estamos casados, así que…
Como me gustaría que todos supieran que soy su esposa, pero él no lo quiere así. Entonces, ¿Por qué se casó conmigo? Si no siente nada por mí. De sólo pensarlo me pone triste.
Y ahí están ellos, platicando entre risas, él la mira con amor, cuando a mí, sólo con frialdad.
…
Estoy en la habitación recogiendo todas mis cosas y mudarme a la de invitados, no soporto estar en el mismo lugar con un hombre que claramente no me ama. Créanme cuando les digo que he intentado de todo para conquistar el corazón de Daniel, sin embargo, está ocupado por esa mujer.
—¿Qué estás haciendo? —Sale mi “esposo” de la ducha envuelto en una toalla de la cintura para abajo.
—Me voy a la otra habitación. —Digo sin ánimos de nada.
—¿Por qué? —¿Es en serio?
—Es claro que no sientes nada por mí. Así que ¿para que estar juntos? —Trato de no llorar.
—Hilda, yo… —Lo interrumpo.
—No hay nada que decir. —Tomo la maleta, ya que realmente no tengo muchas cosas.
Que irónica es la vida, siendo esposa de un exitoso empresario y no vivir de ello. Apenas y si me compró un hermoso vestido para la noche de la caridad.
Entro a la habitación y me recuesto sobre la fría cama y cierro mis ojos ya sin poder evitar que las lágrimas salieran de ellos.
Por lo que veo su amor es muy fuerte y no creo poder competir con una mujer como Dayana Cortes.