Despierto por un pinchazo que siento en el brazo, mis ojos están pesados, me cuesta mucho trabajo abrirlos, pero poco a poco logro hacerlo, encontrándome a Jhon a mi lado con su mejor cara de preocupación.
-¿Dónde estoy? – pregunto con dificultad.
Me sonríe un poco, se ve muy tierno cuando sonríe así.
-Estas en el hospital, amor – informa.
Frunzo el ceño, odio los hospitales. Miro hacia mi brazo izquierdo y me doy cuenta que tengo una intravenosa unida a él.
-¿Por qué me trajiste aquí? Sabes que odio los hospitales. – digo con la voz débil.
Mi cuerpo se siente muy pesado. Intento repasar lo último que recuerdo y de me vienen imágenes de Leonard en el restaurante, la discusión con Jhon, el pequeño dolor en el vientre y el intenso dolor de cabeza, es todo lo que recuerdo antes de desvanecerme.
-Estas embarazada, amor. Deberías acostumbrarte a estar en el hospital. – musita.
Ruedo los ojos con fastidio. Me siento muy mal, no puedo ni moverme bien, el dolor de cabeza aun me molesta un poco.
-Ya vienen a traer los resultados de los exámenes – acaricia mi cabello.
-Ok – digo seca.
Nos quedamos unos segundos en silencio, hasta que Miller decide romperlo.
-¿Me dirás que hacías con Fisher? – pregunta serio.
Lo miro directo a los ojos, no puedo creer que me este preguntando eso justo ahora. El dolor de cabeza aumenta, lo que me produce una mueca de dolor.
-No comiences con eso ahora – hablo con los ojos cerrados.
-Entonces....
Sus palabras son interrumpidas por el sonido de la puerta al abrirse, imagino que debe ser el doctor con los resultados de mis exámenes, pero resulta ser Leonard enfurecido.
-Me podrían decir ¿Por qué carajos Samanta no esta registrada con su apellido? – grita.
Hago una mueca de dolor, llamando la atención de ambos, pero no dejan de discutir entre ellos.
-Fácil, porque es mi esposa – escupe con odio.
Leonard abre mucho los ojos y su cara se torna aun mas roja de lo que estaba.
Ambos se salvan de que no tengo fuerzas para gritar, porque ya les estaría escupiendo un montón de cosas en la cara.
¿Cómo es posible que discutan mientras yo estoy débil en una cama de hospital?
-¿¡Como que tu esposa!? – lo toma de la camisa y yo me sobresalto por el grito.
¡Maldita sea! Estos dos me van a matar de un infarto.
La puerta se abre de golpe, entrando un doctor muy molesto.
-Señores, no están en un circo. ¡Esto es un hospital! Si quieren quitarse háganlo afuera – los riñe el médico.
Muy bien, al menos logro que se callaran, aunque se siguen viendo con odio.
-Señora Miller, ¿Se siente mejor? – pregunta en mi dirección.
Leonard se estremece al escuchar mi nombre con el apellido de Jhon.
-La verdad no – los miro a ambos con desprecio – Me siento débil.
-Aquí tengo los resultados de los exámenes que se le hicieron al llegar – levanta un sobre.
Ambos hombres están a la expectativa, esperando lo que dice el doctor.
-¿Esta de acuerdo con que los lea con ellos aquí? – señala.
Niego, no quiero que Leonard sepa que estoy embarazada, y Miller sinceramente no quiero ni verlo ahora.
-Yo no me voy a mover de aquí – espeta Jhon. -Soy su esposo.
-Yo tampoco me iré – afirma Leonard.
Se están comportando como unos niños.
-Leonard, espera afuera – le ordeno.
Titubea un segundo, pero luego sale con el ceño fruncido y los puños apretados.
-¿Mi bebe esta bien, Doc? – pregunto.
-Aun no lo sabemos, enviare a su doctora a que venga a chequearla. – informa – En los exámenes le salió el nivel de hierro muy bajo, por eso se desmayó. Tiene un grado de anemia, muy leve, pero puede ser peligrosa. Seguramente producto de que no come bien o está bajo emociones fuertes.
Bajo la mirada, la estoy pasando mal con el embarazo, pero no quiero que le pase nada a mi bebe.
Instintivamente me toco el vientre y Jhon se acerca para abrazarme.
-La dejaremos unos días aquí, debe comer bien y no estresarse – dijo esto ultimo mirando con firmeza a mi esposo.
-Está bien – hablo sin mirarlo.
-En unos minutos vendrá su ginecóloga – informa y sale de la habitación.
Rápidamente entra Leonard con cara de pocos amigos.
-¿Qué sucedió? – pregunta.
-Tengo anemia – respondo seca.
Jhon me mira sin entender, pero no dice nada, sabe que no puedo estresarme.
-Te traeré algo de comer – besa mis labios fugazmente y sale.
Siento la mirada pesada de Leonard sobre mí, está esperando que le cuente todo.
-¿Cuándo ibas a decirme que te casaste con ese idiota? – pregunta dolido.
Ruedo los ojos y suspiro.
-Leonard, no estoy de humor para tus dramas ¿Ok? – espeto fría – No puedo estresarme, así que deja de molestarme.
-Samantha...
Es interrumpido por el sonido de la puerta. Mi ginecóloga entra en la habitación con una sonrisa en el rostro, la cual cambia por una mirada de deseo al ver a Leonard de pies a cabeza.
-Buenas noches – lo mira con descaro.
-Buenas noches – devolvemos el saludo.
-Usted no es el Señor Miller – levanta una ceja y estira su mano – Un placer, Maira Jiménez.
Miro la escena con cierta diversión, apenas se han visto y ya Maira se lo quiere ligar.
-Leonard Fisher – habla seco.
Me sorprende esa actitud de su parte, aunque debe estar tan molesto que no le presta atención a la linda y fácil doctora.
Ella carraspea y lo mira con fascinación.
-Señor Fisher, creo que debe esperar afuera – señala coqueta.
-No voy a moverme de aquí – gruñe.
¿Por qué eres tan terco?
Bueno, si tanto quieres saber, llévate el combo completo hoy.
-Está bien, Maira – murmuro.
La doctora prepara todo lo necesario para el ultrasonido. Puedo ver la mirada sorprendida de Leonard que no entiende lo que pasa. Respiro profundo al sentir al gel frio.
-El bebé está bien – menciona.
Leonard se atraganto con su propia saliva y se acerco a mi cama rápidamente. Su respiración es un desastre y se ha vuelto pálido de la nada.
Creo que se va a desmayar.
-Estas.... ¿Embarazada? – balbucea
Respiro profundo para mirarlo a los ojos y enfrentarlo por fin.
-Si – suelto.
Aprieta los puños a los lados de su cuerpo, lo veo tensarse y respirar con dificultad. En un instante sale de la habitación dando un portazo que me sobresalta.
La doctora ve toda la escena con cara de confundida, pero sigue hablando.
-No voy a preguntar – levanta las manos rindiéndose – Solo te diré que no puedes tener emociones fuertes, sobre todo estrés, tu matriz está muy débil. – resopla – Corres el riesgo de sufrir un aborto espontaneo.
¿¡Que!? ¡No! No de nuevo, por favor.
-Necesitas reposo absoluto – ordena – Y nada de sexo hasta que yo te diga que es seguro. Nos vemos en un mes para tu próxima consulta.
Asiento sin decir nada.
No puedo permitir que a mi bebe le pase algo, no de nuevo.