Cap. 4- Luna de apareamiento y procreación.
Catacumbas:
Omega Clara fue enviada a las catacumbas, era un lugar frío y húmedo; carente de luz. Ella pese a ser una Omega, nunca sintió que alguien la maltratara o humillara, tenía miedo y solo deseaba regresar a su casa.
Con la positividad que siempre la caracterizó, supuso que era solo un mal entendido y que Alfa Santiago mediaría por ella. Su pareja destina no podía ser como lo describía su gemela malvada, Raven solo quería separarlos, se repetía cada vez que las dudas sobre su amado retumbaban en su mente.
Las horas pasaron y nadie la salvaba, el chillido de las alimañas la aterraba, pero solo se colocó en posición fetal y durmió esperando que al llegar la mañana alguien la rescate.
Mansión del Alfa:
El Alfa Mariano y Juan, estaban preocupados por la situación de la Omega Clara, el menor no tenía ningún tipo de interés en controlar la manada; pero sentía que el único a la altura era su hermano mayor.
Mientras Santiago se encontraba en su cuarto, tratando de planificar los siguientes pasos a seguir. Lo que no podía entender es como ella, acepto entregarse tan fácilmente a su hermano, luego recordó que se encontraba en las catacumbas y el idiota enamorado estaba siendo devorado por la culpa.
Necesitaba seguir siendo el pilar en su vida, ella no tenía familia, en el momento en el que ingresó a la mansión; se dedicó completamente a él, ¿tal vez sería necesario interesarse por su pasado?
Lo primero que hizo fue revisar sus pertenencias, tenía ropa humilde de Omega y un sinfín de chucherías que él le regaló. Nada provocaba su interés, hasta que recordó su actitud con la piedra de nácar.
Le costó encontrarla, pero escondida dentro de su almohada estaba, era algo rústico y sin valor; pero ella lo atesoraba. La inscripción tenía letras con características infantiles: “Raven, mi otra mitad”; la letra era pequeña, pero con la visión de un Alfa era precisa.
Sentía que era algo importante, por lo que lo guardó para sí, era su compensación por dejar que su hermano la bese. De alguna manera, el nombre de Raven, se convirtió en su nueva obsesión.
Regresó a su habitación, tomó una de las mantas y la impregnó por completo con su aroma, además preparó algo para que coma y beba; aunque su padre lo había prohibido. Si pudiera aparearse con ella le hubiera puesto la marca de la esclavitud, con eso sería imposible de que tenga secretos, pero hasta no asegurarse ser el nuevo Alfa no se arriesgaría.
La diferencia entre Alfa Santiago y Alfa Mariano era simple, sus padres sabían que no cometería el error de caer bajo sus encantos. Al llegar la encontró temblando de frío, su cuerpo Omega era frágil y bajo los pocos rayos lunares que ingresaban por una pequeña abertura, su cuerpo no pudo evitar reaccionar al vínculo de pareja; con solo una mirada los guardias se retiraron.
Ella al sentir su presencia corrió a sus brazos, había perdido la esperanza de que viniera a consolarla. Con la seguridad fuera del lugar, Alfa Santiago no pudo evitar besarla, la respuesta afirmativa de Clara lo llevó a no poder controlar sus instintos y consumar el apareamiento; al momento de marcarla sacó sus garras y las clavó en su propia pantorrilla para evitarlo. Ella solo le susurró – lo entiendo, no necesitas marcarme. – y lo volvió a besar.
Santiago no entendía porque esperó tanto tiempo, su pequeño peón era perfecto, no exigía solo se dedicaba a cuidarlo. Solo necesitaba endulzarle sus oídos, – debemos guardar el secreto hasta el momento que logre asumir como Alfa, en ese momento podre reconocerte como mi mujer y Luna. – con una sonrisa que le brindaba toda esa seguridad.
Bosque Helado:
Raven sentía como su vida se destruía, estaba completamente sola. Sin saber el estado de salud del ser al que más amaba, mientras la visión de su ingrata hermana que se revolcaba con el hombre que le arrebataría las ganas de vivir la atormentaba.
Buscó las botellas de licor que su abuela escondía, nunca bebió alcohol, a diferencia de su hermana no tenía loba y eso la volvía vulnerable a los estímulos.
El alcohol quemaba su garganta, pero estaba decidida a cumplir con su “destino”, su cuerpo tambaleaba al ingresar al bosque. Llegó a la playa y desarmó la pequeña mochila que llevaba, la soledad del lugar hizo que todos sus sentimientos afloren: - maldito desgraciado ¿te seguirás escondiendo de mí? ¡siento tu presencia! ¿Por qué te la llevaste? - estaba desesperada - bueno ya que no quieres hablar, escucharás. –
Desde la copa de un árbol, la observaba en silencio, nunca le pareció tan vulnerable. Las palabras entrecortadas comenzaron a fluir: - Te confesaré todo, pero me devolverás a mi abuela o te harás cargo de las consecuencias. – se recostó en un árbol. – Me llamó Raven, y solo soy una carga para los que me rodean, soy tan desafortunada que me abandonaron en los límites de este bosque. Bueno, la suerte de Clara me benefició durante un tiempo y tuve una infancia normal. [sonrió con nostalgia] Luego, demostró su secreto oculto, “puedo quitar la vida y devolverla a mi antojo” [utilizó un pequeño arbusto para demostrarlo], los demás poderes que poseo son menos terroríficos. – supuso que con eso sería suficiente para perdonarle la vida a su abuela.
Se encontraba adormilada, cuando Kairos, se acercó para protegerla de la noche. Pero ella lo redujo con facilidad y comenzó a besarlo, el Rey Licántropo deseaba continuar, pero no podía aprovecharse de ella; por alguna razón sentía que era su destino.
Al apartarse de ella, se sintió despreciada: - Solo quiero sacarme la visión del apareamiento de mi hermana con el despreciable Alfa Santiago, sino estas dispuesto a colaborar, alguno de esos sexys guerreros podrá ayudarme. - con un tono picarón.
Esas palabras desafiantes, solo hicieron que aumentara su deseo: - si te ayudo con esto, ¿te harás responsable? – pensó que un trató tan indigno la haría retractarse, pero ella solo lo sujetó y comenzó su ritual del apareamiento, fue salvaje, evidentemente ignoraban que era la luna de apareamiento y procreación; ese era el motivo de su deseo.
Kairos intentó marcarla, pero ella lo apartó: - Mi rey, soy una simple humana o en su defecto una bruja, no es necesaria la marca. - luego se durmió en sus brazos como si fueran su refugio. – Mi reina, ahora no podrás alejarte de mí. – sabía que al amanecer su vida se complicaría, pero ya se encontraban unidos por la misma Diosa.