La felicidad suele colarse por una puerta que no sabías que habías dejado abierta+++ BETH Abrí los ojos ante un suave golpeteo en la puerta de mi habitación. Cuando intenté incorporarme, al sentir un fuerte dolor en mi cuello, llevé una mano hasta la parte trasera del cuello y me di unos suaves masajes circulares, tratando de recuperar la movilidad de este. Había pasado la noche en el sofá que se encontraba a los pies de mi ahora enorme y cómoda cama, pues estaba segura de que, si probaba, aunque fuese un poco de la comodidad que tenía antes, iba a ser mi perdición. Volvería a acostumbrarme con rapidez a las comodidades que tenía y luego me costaría más trabajo salir de ahí. Me encontraba furiosa con Annie, aún no podía creer que al final decidió darme la espalda después de que tanta

