Las consecuencias de una muerte violenta nunca representan algo agradable a la vista y, para un detective de homicidios como Juan Morales, la imagen de otra víctima más, otro cuerpo más sin vida, solo se añadía a su percepción de la injusticia que impregna el mundo en que vivimos. Al observar los restos humanos que yacían sobre la avenida frente a la impresionante Pirámide del Sol, Morales no pudo más que sentir una gran pena por aquella joven vida que se había extinguido tan trágicamente y, por lo que se apreciaba a simple vista, de manera muy brutal. El asistente del médico forense se ocupaba de tomar fotos del c*****r desde todos los ángulos imaginables y el propio médico examinaba atentamente la cavidad torácica, para gran disgusto del asistente, pues el profesional se interponía en s

