Verla nuevamente había desencadenado en Dominic una tormenta de emociones que no pensó volver a experimentar. Sus ojos la recorrieron de arriba abajo, era inevitable no observarla cuando lucía tan hermosa con su cabello castaño recogido en una coleta alta y despeinada. Parecía mucho más delgada, y bajo su ropa se podían apreciar las curvas de su cuerpo, haciéndola ver mucho más madura. Cualquier vestigio de niñez había desaparecido, dando paso a una mujer. —Imagino que no tuviste otra opción, odias esto —apuntó Violet, sacando a Dominic de su ensimismamiento. —Me ofrecí a ayudar con la decoración a cambio de no asistir a esa fiesta de gente pretenciosa —respondió Dominic encogiéndose de hombros, poniéndose de pie mientras su hermana Emma rodaba los ojos por segunda vez. —Hablas de gente

