Mientras tanto, en la mansión de los Klein, se desataba una gran tensión, llena de lamentos, como si de un funeral se tratase. Los padres de Sofía estaban devastados por la cancelación del compromiso de su primogénita. Sofía les había contado su versión distorsionada de los hechos, mostrándose tan afectada por la ruptura que no había dejado de lloriquear en los brazos de su padre. Este, furioso, contenía sus pensamientos sobre Dominic Hoffmann, el joven que había jugado con los sentimientos de su hija. Si no había ido a confrontarlo, era únicamente por el amor que sentía por Sofía. De lo contrario, ya se habría plantado en la casa de aquel imbécil para insultarlo y hacerle pagar por haberle roto el corazón a su tesoro más valioso. Sin embargo, no se quedaría de brazos cruzados; ese hombre

