La habitación del hospital se sentía fría, aún la inquietud era palpable. Ella continuaba sin abrir los ojos. —Juliette, despierta, ¿puedes oírme? —susurró Karim con voz quebrada. Ella parpadeó lentamente y giró su cabeza hacia él. Sus ojos enrojecidos y extraviados por un segundo en él. —Lo siento tanto, Karim. No sé qué me pasó. —Una lágrima solitaria rodó por su mejilla, ella ni siquiera podía pronunciar las palabras correctamente. El hombre le acarició el rostro con ternura, esforzándose por mantener la calma. —Shhh, no te preocupes. Lo importante es que estás bien y que el bebé está a salvo. —Hizo una pausa, luchando por encontrar las palabras adecuadas—. Sin embargo, no creía que serías capaz de hacerlo esta vez. Juliette aspiró profundamente, avergonzada. —Desde que supe

