—Ya déjame, maldición. —¿Quieres morir? Así no puedes conducir. —Tomaré un taxi. —Escucha, sé que es complicado afrontar lo que sabes de tu padre, pero esta no es la manera. El alcohol no te hará olvidar, no ocurrirá un milagro. Ya vete a casa. —Te encanta arruinar el ambiente —apuntó levantándose y todo desequilibrado avanzó. Dylan bufó, lo llevó a la salida. —Deberías dejar de beber a raudales. Mírate —reprochó durante el camino. Dylan se encargó de detener el taxi, le dio instrucciones al chofer y volvió adentro. Juliette se preocupó por la ausencia de Karim, revisó su habitación y no estaba, tampoco en el despacho, le informó Melanie. Media hora después, cuando estaba durmiendo, un sonido la despertó. Se sobresaltó bastante al presentir que alguien había irrumpido en

