El papel ardió en la palma de Selene como si intentara morderle la piel. Las letras se deshicieron en fuego, y aunque la amenaza se volvió ceniza, el peso de esas palabras no desapareció. Simón no dijo nada al principio. Solo la miró. Ese fuego en sus ojos… lo había visto antes, pero nunca así. Ella no estaba asustada. Estaba decidida. Una mujer acorralada que eligió pelear. —Si Xavier cree que va a amedrentarme con estas cosas— una sonrisa sardónica apareció en su bello rostro— esta muy equivocado. —¿Estás segura de que fue Xavier? —¿Quién más? —respondió ella, tirando las cenizas al suelo y aplastándolas con la bota—. Solo alguien como él escribiría algo así sin firmarlo. El silencio del establo fue interrumpido por el crujido de la madera bajo sus pasos. Las vacas mugían en la dist

