El cielo de ese dia en especial estaba encapotado, como si adivinara lo que estaba por venir. La luz era suave, apenas filtrándose entre las nubes, como una promesa que no terminaba de cumplirse. La tierra húmeda aún conservaba rastros de la tormenta de días atrás, y el aire tenía ese olor entre dulce y a tierra mojada que lo envolvía todo con un dejo de melancolía. Selene estaba en el porche, sentada con una taza de café entre las manos. No lo bebía. Solo lo sostenía, como si el calor que despedía fuera lo único que pudiera mantenerla entera. Desde la fiesta había evitado pensar demasiado. Cada vez que los recuerdos del baile se colaban en su mente, su pecho se encogía. El calor de la mano de Simón, su voz grave susurrándole cerca del oído, su sonrisa ladeada cuando ella giró el rostro y

