Capítulo 26

1188 Palabras

La mañana siguiente los encontró aún entrelazados, con los cuerpos tibios y los corazones latiendo en la misma frecuencia. No hubo palabras apresuradas ni miradas nerviosas al despertar. Solo un beso lento, dormido, que Simón depositó en el hombro desnudo de Selene antes de levantarse a encender el fuego. El sol se filtraba apenas entre las pequeñas grietas de la pared de la posada, y el vapor de sus alientos aún era visible en la esta. —Deberíamos salir pronto si queremos llegar a tiempo al registro agrario —dijo él, sin mirarla, mientras calentaba el agua para el café. Selene lo observó desde la cama. Con la sábana rodeando su cuerpo y el cabello despeinado cayéndole sobre un hombro, parecía una diosa doméstica de esas que solo existían en canciones antiguas. Pero en su mirada había a

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