Samme Cassel Escucho el grito de Aria y comienzo a correr de inmediato hacia ella con la Beretta en la mano y la sangre zumbando en mi cabeza. —¿Qué pasó? —pregunto al entrar en la cocina. Pete está sentado en la silla con la pistola sobre la mesa y se rasca la cabeza con lentitud. —Salió a tomarse el café. —¿Y por eso gritó así? —Guardo la pistola. Mierda, esa mujer hará que yo pierda la cabeza. Salgo al balcón de la cocina y me doy de bruces con Aria. —¿Qué diablos te pasa? ¡Casi me matas de un susto! —¡Pues vale, lo siento! Lamento ser un maldito incordio para ti. Me fulmina con la mirada, me empuja a un lado e intenta cruzar de vuelta a la cocina. —Ayúdala, puede cortarse. —Le quito los ojos de encima a la explosiva e irritada Aria y me percato de que no estamos sol

