Apenas llegar a casa, Morgan corrió al segundo piso. Blake lo siguió calmado y al verlo entrar a su habitación, le abrió la puerta para hablarle. —Las pastillas. —Joder, no puede pasar ni medio minuto. —No, no puede, tómatelas. Morgan se molestó y en cuanto Blake salió hizo un puchero. Odiaba esas putas pastillas de mierda. Las sacó de su mochila y bajó al primer piso por un vaso de agua. En cuanto tuvo que tragársela pensó en una alternativa, podría simplemente echarla en el lavabo... no era mala idea. Nadie comprobaría si se la había tomado o no. Sonrió para sí mismo y la dejó caer. Entonces escuchó a Blake aclararse la garganta detrás de él. Lo miraba con enojo. —Se me ha caído. —Ajá, ajá. —Lo digo en serio. —Entonces recógela y tómatela. —Qué puto asco. —Hubieras pensado en

