El primer día de la semana parecía bastante tranquilo... o lo fue hasta que Wayne, diez minutos después de pedir permiso para salir al baño, llegó completamente empapado y con una sonrisa amplia.
—Chingado — soltó Pato.
—¿Nadie quiere un abrazo? — Preguntó Wayne.
—Mira, hijo de la chingada — comenzó a decir Pato mientras lo sacaba del aula.
A medida que se alejaban del aula y caminaban a la oficina del director, Wayne se reía y Pato se enfadaba. Era un día muy pesado para él, su hij... Blake. Blake había faltado a clase y eso lo ponía nervioso. Encima el cabrón de Diego no le contestaba ni un mensaje.
Nick, en su soledad, dibujaba en el mismo cuaderno. Escuchaba Sundays, como si su sufrimiento no fuera suficiente, mientras el resto de alumnos charlaban. Luego de aquel mensaje que le había enviado a Blake no habían vuelto a hablar. Quería que lo celara, no, quería que le demostrase que lo quería. Aunque fueran palabras. Ni siquiera podía decirle... no. No quería ir a ese lugar de su mente. Rayoneó su libreta.
Es un espiral de preguntas
No sé por qué peleamos tanto
No estás de mi lado?
Se me está acabando el tiempo?
Levantó la vista y vio a Diego afuera del aula. Pato recibió una llamada de Diego. Contestó tan rápido como era físicamente posible. Su corazón se agitó, esperaba oír las peores noticias.
—¡¿Por qué v***a no me contestas, pendejo?!
—Vine a buscarte a tu aula pero no estás.
—Voy para allá.
Colgó y miró a Wayne.
—Quédate aquí, cabrón.
Wayne asintió con una sonrisa "inocente". A los pocos segundos de que se fuera su profesor, se levantó y caminó lejos.
Iba silbando por los pasillos hasta que se encontró a una celebridad en esa escuela, a su nuevo compañero de club. Lucas.
—Eh, amigo — dijo sonriendo con maldad —, ¿qué haces acá afuera?
Lucas se giró y vio cómo tenía el ojo n***o. Lo habían golpeado.
Pato corrió al aula y vio a Diego, al verlo relajado, se pudo calmar.
—¿Qué pasó?
—Necesito que me ayudes en algo — dijo el otro con una sonrisa.
—v***a, la verdad me da miedo, pero dime.
—Hay un alumno que llegó apenas hoy y va a estar en tu aula.
Blake salió de una esquina, empujando a dicho alumno. Por un minuto entero, Pato sintió que se le congelaba cada extremidad y su corazón se paraba. Sus ojos se llenaron de lágrimas y no podía elaborar ni una sola palabra. Pato avanzó lentamente a como podía, intentó aguantar sus lágrimas pero no pudo cuando escuchó la vocecita del otro.
—Buenos días — dijo Morgan.
—¿Cuáles buenos días? — Dijo Pato con la voz quebrada. — Sin mi niño enfermo cuidando a estos pendejos es un día horrible.
Morgan se rio en aquel tono suave y abrazó a Pato, haciendo que se desmoronara completamente. Por fin podría dormir.
Daniel peleaba con Shane, con sus reglas como espadas y las mochilas como escudos. Shane tomó del escritorio que compartía con Sam un borrador y lo lanzó.
—¡Ese es el mío! — Trató de detenerlos ella pero lo terminó lanzando.
—¡El enemigo ha abierto fuego, retirada! — Gritó Daniel y salió corriendo del aula.
Su risa se transformó en pánico al ver a dos profesores afuera. Mierda.
Alto... ¿ése era Blake? ¿No había faltado? Shane corrió detrás de él y se detuvo en seco al ver a los profesores. Entonces vio aquel cabello blanco. Sintió su corazón acelerarse. Miró a Daniel, el cabron ya estaba llorando.
—¡¿Pueden parar?! — Les gritó Sam. Cuando vio que sí habían parado se sorprendió y salió con ellos.
—Ve a saludar — dijo Pato tratando de limpiarse la cara y soltando a Morgan —, te están esperando.
—¡Morgan! — Gritó Daniel corriendo a abrazar a su mejor amigo, aquel nombre hizo que todos en el aula salieran a ver qué pasaba.
Entonces el llanto se hizo incontrolable. No había nadie que no estuviese llorando a mares en aquel pasillo. Nick fue con Blake que tenía sus ojos rojos, lo conocía, sabía que se estaba aguantando las ganas de llorar. Se abrazó a él y Blake correspondió. Cuando Patrick lo vio, se paralizó. ¿Había vuelto? ¿Realmente había vuelto? Quiso ir a abrazarlo pero ¿siquiera recordaba quién era?
Pato y Diego se apartaron del grupo de alumnos. Pato parecía recuperar la postura. Diego le dio una palmada en la espalda. Entendía lo que el otro sentía. Era un día hermoso. O lo fue, hasta que llegó la hora del descanso. Victor atiborraba de información a Morgan de golpe.
—...¡ah! Y tienes que unirte a un club — terminó.
—Joder, Victor, ¿no podías esperar a mañana para decirle todo? — Se quejó Nick.
—No, esta bien — dijo Morgan —, es mejor saberlo desde el principio.
—Aunque el único club libre es el nuestro — dijo Demian desde atrás.
—No - dijo Blake rápido —, no vas a estar ahí ni de coña.
—¿Por qué no? — Preguntó Morgan.
—Lucas está con nosotros — respondió Nick.
Morgan bajó la mirada.
—No importa — dijo —, las cosas son distintas ahora.
—No vas a estar ahí — dijo Blake.
—¿Y si conseguimos que un profesor supervise el club? — Preguntó Demian.
—¿Dónde vas a conseguir un profesor que no tenga nada qué hacer en toda la tarde? — Preguntó Victor.
Todos se miraron sabiendo la respuesta: Mason.
Wayne se sentó en el pasto del jardín con sus amigos. Hablaban de estupideces aburridas. Sacó su celular y buscó en f*******: a Nick. Era completamente su tipo.
Encontró el perfil de su novio gracias a la relación que tenían pública. Blake casi no tenía fotos. Las que había eran etiquetas y en todas se veía muy bien. ¿En serio iba a tener que apartar a este tipo? Igual y no era necesario hacer que terminaran, solo quería saber como era estar con Nick una noche. Era todo.
Tenía que pensar bien su jugada. Habían demasiadas piezas que armar y no por nada había llegado a Aurora, podía armarlas.
Iba a armarlas.