FLORENCIA, ITALIA MUCHOS AÑOS ANTES. —El capo está muerto. La noticia le cayó como un balde de agua fría. Su padre no podía estar muerto. Lucian tragó saliva y cerró sus ojos mientras procesaba la información. Pudo haber ordenado muchas cosas, pero en aquel momento no dijo nada. Dejó al hombre que le había comunicado la noticia en la sala y subió las escaleras con rapidez mientras escuchaba la voz de sus guardaespaldas preguntando qué debían hacer. No les escuchó. Pensaron que querría un momento para pensar que hacer y con varios pares de ojos viéndolo eso sería imposible, pero en cambio, abrió primero la habitación de Ludmila que estaba repleta de cientos de juguetes y peluches y pintada de un lindo color rosa. Su pequeña hermana ni siquiera caminaba, pero ya desde esa edad era l

