ETERNO| CAPITULO 36

3208 Palabras

ROMA, ITALIA. —Yo fui claro cuando acepté este trabajo. Le dije que haría lo que estuvieran en mis manos para acabar con la mafia. Le dije que yo no sería alguien que protegiera criminales. Fui criado con principios y no pienso quebrantarlos, antes dejo ir este cargo. Simone Di Lorenzo jugueteó con un lápiz en sus manos haciéndolo girar. El hombre era el máximo representante de la autoridad solo por encima del presidente, pues era el secretario de seguridad del país y superior de Giancarlo Tognazzi. —No tienes porque exaltarte. —Luca Salerno envió a por mí y sé que ha caído en mi trampa y no tiene idea aun que mis padres están en Estados Unidos—dijo poniendo sus manos sobre la mesa—. Sé que me vigila, pareció demasiado seguro de sí mismo cuando me ordenó trabajar para él sin derecho

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