ETERNO| CAPITULO 42

2140 Palabras

VERONA, ITALIA. Su hermana, su querida hermana. —¿Cómo está ella? —Bien, al parecer. —¿Cómo que al parecer? Luca no estuvo nada complacido con aquella respuesta. Quería detalles, quería saber que tan grave había sido, cuántos hombres puertos habían y que tan profunda era la herida de su hermano. Tenía varias llamadas perdidas y un sin fin de mensajes por parte de sus hermanos. —Fue atendida a las afueras de Nápoles. —¿Sabes quién dió la orden? —Fue de Roma. Roma. Roma. Roma. ¡Jodida Roma! El italiano aún no había cambiado su ropa, había mantenido esa camisa blanca manchada de sangre y esa expresión en su rostro de que la noche no había ido como él pensó. Primero ocurrió lo del bar, después lo de Ludmila. Lo único bueno que mitigaba un poco el mal sabor de boca fue s

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